miércoles, 15 de mayo de 2013

Los corazones

Cuando somos jóvenes (y no tanto) parece que tenemos una gran obsesión por mirarnos al espejo, sabernos guapos, sacarnos brillo... con el tiempo, si el desarrollo de la personalidad es  normal, todo eso va pasando a un plano cada vez más inferior, hasta que llegas a anciano y puedes permitirte usar chanclas con calcetines. Yo, personalmente, he decidido ser como una anciana desde ahora, y permitirme todos los lujos estéticos que me hagan sentirme mejor, cómoda, distinta…
No digo que el mundo de la parafernalia y la cosmética no estén bien. A mí misma me encantan los zapatos entre otras cosas... Sólo digo que cuando lloremos porque subimos de peso, no seamos capaces de salir  a la calle sin maquillarnos, o no sepamos hacer otra cosa que no sea ir al gimnasio, pensemos en que cuando seamos viejos todos nos arrugaremos.Cuando rechacemos a alguien por su físico, cuando nos riámos de cualquiera por vestir diferente a nosotros, cuando insultemos atacando al cuerpo, pensemos que cuando muramos, todo nuestro físico se esfumará.
Es posible que nadie ya se acuerde del color de nuestros ojos, ni de nuestra talla de sujetador, o del tamaño de nuestros pantalones. Nada de eso servirá a aquellos a los que dejamos en tierra. Todo aquello material, superficial, desaparecerá.


“Si tuviera que adoptar un niño definitivamente lo traería de Ruanda. Aquí a los 40 años todos se preocupan por parecer jóvenes. Allí, a esa edad ya están muertos”.

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